viernes, 9 de junio de 2017

El valor de una vida.

 
 
La noche del lunes al martes de esta semana, aterricé en Madrid a la una de la mañana, cuando estaba previsto llegar sobre las 22:30. El vuelo era desde Moscú, y ya había estado un par de horas de viaje para llegar al aeropuerto moscovita, es decir, llevaba todo el día viajando y deseando llegar cuanto antes, y más si tenemos en cuenta que aún tenía que ir, muy cargado, por cierto; desde el aeropuerto a donde había dejado el coche y luego hasta Zaragoza. Así que entre unas cosas y otras no conseguiría meterme en la cama hasta las seis de la mañana. Teniendo en cuenta que a las diez tenía que ir a trabajar, debía dormir muy rápido para conseguir descansar algo.
 ¿Cuál fue el motivo de ese retraso de dos horas y media?
Pues bien, ese retraso fue debido a un aterrizaje urgente en el aeropuerto de Frankfurt. Una señora mayor, rusa, tuvo un serio problema de salud, tan serio que de no ser por la intervención de un matrimonio formado por un médico y una enfermera, no habría sobrevivido al vuelo. Tuvo un episodio cardiaco, donde gracias a una hábil maniobra de reanimación, el doctor consiguió volver a poner ese delicado corazón en marcha. La mujer hacía tres meses había sido operada y volvió a tener problemas. El aterrizaje en Alemania permitió que los servicios de urgencia se hiciera cargo de ella, para así monitorizarla e ingresarla. No había ninguna garantía de que hubiera llegado al aeropuerto de Madrid con vida, a pesar de la eficaz intervención de esa pareja, que en definitiva, y entre otros, le salvaron la vida.
Esa decisión de aterrizar a mitad de camino para dar asistencia adecuada a ese cuadro médico entiendo que fue decisión del piloto, que salió una vez aterrizados a ver el estado de la señora; y de la compañía. Decisión que se tradujo en esas dos horas y media de retraso, con lo que compañeros nuestros perdieron el autobús y el ave y tuvieron que pasar la noche en Madrid hasta poder, de madrugada; coger un transporte a Zaragoza. Lo mismo pasó con otros pasajeros que tenía vuelos de enlace internacionales. Eso supone un coste económico a la compañía, serio, pues debería hacerse cargo de algunas de esas estancias de enlaces, billetes retrasados e incluso, alguna reclamación por parte de los viajeros. Pero no dudaron, era más importante la vida de una persona que el coste económico, el trastorno, o lo que quiera que fuese. Una decisión que nos devuelve la fe en la gente. No sólo se hacen las cosas en base a criterios económicos, mercantiles o de conveniencia. Hay gente capaz de poner todo su empeño, físico, mental y económico para salvar a otra persona.
La actuación del piloto, ejemplar. Del matrimonio que se prestaron inmediatamente a asistir a la señora, extraordinaria. La actitud de todo el pasaje, digna de admiración, ni una sola protesta, ni una sola mala cara y creo que salvo los transfers internacionales y demás, nadie, que yo sepa, ha reclamado el importe del pasaje o a pedido compensación de ninguna clase. Es decir, todos en una medida u otra aportamos nuestro granito de arena y nos ofrecimos a ayudar. Al fin y al cabo podía haber sido mi madre, la tuya o nosotros mismos.
Y mientras, apenas un par de días antes, de esta situación, donde se dio semejante valor a la vida humana, unos mal nacidos, arrancaban otras de manera gratuita en Londres, con maldad y alevosía, a simples transeúntes, turistas y personas que tuvieron la mala suerte, de coincidir en el mismo lugar y en el mismo momento, con unas alimañas, para las que una vida, no vale nada.
 

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