miércoles, 29 de marzo de 2017

Deducciones




"─Un hombre listo vertería el veneno en su propia copa porque sabría que solo un idiota creería lo que parece lógico y yo no soy un idiota así que no elegiré el vino que tenéis frente a vos. Pero podéis haber deducido que yo no soy un idiota y habrías contado con ello por lo que no elegiré el vino que está frente a mí.


─¿ habéis decidido ya ?


─ni remotamente, porque la yocaina proviene de Australia, como todo el mundo sabe, y Australia está poblada por criminales y los criminales tratan con gente que no se fía de ellos como yo no me fío de vos, así que no elegiré el vino que tenéis frente a vos.


─tenéis un intelecto asombroso.


─esperad que siga deduciendo. ¿ Dónde estaba ?


─en Australia .


─ sí, en Australia. Vos habréis sospechado que conocería los orígenes del veneno por lo que no escogeré el vino que está frente a mí .


─estáis perplejo .


─¿ os gustaría que fuera así, verdad ?. Habéis vencido a mi gigante lo que significa que sois fuerte. Podríais haberlo puesto en vuestra copa confiando en que vuestra fuerza os protegería por lo que no escogeré el vino que tenéis frente a vos pero también habéis derrotado a mi español, lo que significa que habéis estudiado y si habéis estudiado sabréis que el hombre no es inmortal por lo cual habríais puesto el veneno lo más lejos posible de vos por lo que no elegiré el vino que está frente a mí .


─¿ tratáis de engañarme para que os lo diga ?, no lo lograreis.


─ya lo he logrado, habéis soltado todo. Ya se donde habéis puesto el veneno.


─escoged.


─ lo haré. "



De la película: "La princesa prometida".



lunes, 27 de marzo de 2017

Concierto desafinado.


Texto inspirado en la fotografía del violín de Ingres

 
Otra noche insomne, con la mirada puesta en su espacio vacío, que se ha ido enfriando como un caldero de bronce.
 Apenas los despojos en el campo de batalla de dos ejércitos, que quedaron exhaustos  y cautivos entre sábanas de seda.
 Con su marcha se aparecen todas las derrotas vividas y el fantasma de la soledad toca junto a mi, una balada que habla de celos y huidas.
 Su hermoso cuerpo se convierte en instrumento de nostalgia: Anhelo dibujar  aquellos amaneceres eternos en su espalda, y los domingos interminables, donde nuestro cometido era hacer vibrar las cuerdas del deseo, una y otra vez, sin tregua,  en un concierto desafinado y agotador. Hablar de nuestras cosas y acariciar su pelo, dando igual el tiempo que hiciera fuera. Solos, juntos, con la melodía de sus latidos al apoyar mi cabeza en la almohada de aquel pecho febril y suave.
 Concierto de recuerdos, nostalgia, ausencia y vacío.

©Jesús J. Jambrina  

viernes, 24 de marzo de 2017

La velocidad de los jardines.


El pasado día 23 de febrero acudí a la librería Portadores de sueños. Se presentaba una nueva edición del libro de cuentos "La velocidad de los jardines" de Eloy Tizón. Junto al autor estaría Sergio del Molino, por cuya recomendación aparecí yo por allí.
La librería estaba abarrotada y se leyeron fragmentos de varios cuentos. Eloy fue definido por Sergio como una especie de "ruso blanco", por su veneración a Nabokov y porque algunos de sus cuentos beben de cierta "rusificación", como también dijeron allí. Fue una velada muy interesante y compre este libro de cuentos "La velocidad de los jardines" y "Técnicas de iluminación".
 
La primera edición fue en 1992, escrita mientras Eloy hacía su servicio militar en Zaragoza. Este ha sido un libro que ha ido cogiendo peso con el paso del tiempo. Convirtiendose en un referente y hasta de culto. Motivo por el cual se ha hecho esta reedición.
La crítica ha dicho que es uno de los libros españoles más interesantes de los últimos veinticinco años.
También (entre otros):
Sobre Velocidad de los jardines se ha dicho…«Probablemente, el libro de narrativa breve más reverenciado en este país en los últimos veinte años y, sin duda, el más influyente. […] Velocidad de los jardines es poco menos que la piedra angular sobre la que se puede entender la última generación de relato breve en España. […] No hay ningún libro en España en los últimos veinte años, ni en narrativa, ni en ensayo, y creo que tampoco en poesía, que esté tan cerca de algo así. Solo por esto, por los servicios prestados, cada libro de Eloy Tizón se espera con una expectación excepcional, con una expectación que es ya muy rara en la literatura y que produce en el observador un calor peculiar». Miguel Carreira, Factor Crítico.
 
Ayer lo acabé de leer. El primer cuento "A Nabokov", me dejó un tanto perplejo. Un lenguaje muy lírico, poético. A raíz de ese cuento me he interesado por Nabokov y una segunda lectura, me ha permitido apreciar matices que al principio me pasaron desapercibidos. El libro me ha encantado, tiene mucho oficio, creo que he aprendido con él, además de disfrutar del mismo.
El que más me ha gustado, con diferencia, y en eso creo que coincide la mayoría de los lectores, ha sido el que da nombre al libro "velocidad de los jardines". He visto mi propia clase de 3º de Bup, he vuelto a ser insultantemente joven e ilusionado. He reconocido situaciones, paisajes y sentimientos. Me ha encantado así que estoy deseando leer también "Técnicas de iluminación" y espero incorporar algo de su oficio a mi narrativa.
Ayer mismo en el Heraldo de Aragón salía  una entrevista a un escritora de la misma editorial (Páginas de Espuma), de la reedición de Eloy Tizón, citándolo.
 
Le preguntan:
¿Cuál es su definición preferida de cuento?
"Ningún cuento está completo si no le falta algo" dice Eloy Tizón en "Velocidad de los jardines", que ha reeditado ahora Páginas de Espuma. No es estrictamente una definición, pero es una poética del cuento que suscribo.
 
Sin duda una gran lectura, un gran descubrimiento y una genial presentación, además de disfrutar de los dos libros dedicados y firmados por su autor.
 

sábado, 18 de marzo de 2017

Muñecos.


 
Muñecos.

            Nunca me gustó romper muñecos. A eso empecé algo más tarde.

            Mi adolescencia no fue ni mejor ni peor que otras y no tuve unos padres ausentes ni excesivamente controladores Actitudes que justificarían desviarme por exceso o defecto, de los caminos que me marcaban los frailes. Lo que si tuve es una tremenda curiosidad, una gran capacidad de aprender y muchas oportunidades de pasear por caminos paralelos a los recomendados.

Aprendí a besar y fumar, antes que muchos otros. Escuchaba discos en la bolera o en casa de amigos, y rondábamos siempre los límites de lo que nos permitían nuestros mayores. Siempre con poco dinero, fruto de pagas exiguas y rácanas más orientadas a comprar chicles y pipas que cerveza y vino rancio. Pero la imaginación además de hacernos grandes generales, astronautas o futbolista, también nos daba el desparpajo necesario, para echarnos a la calle, a machacar canciones de las que escuchábamos en los tocadiscos de los hermanos mayores de otros, o en las jornadas interminables de billar.

Con un par de guitarras empezamos tocando en algún bar y poco después empezó a llegar el dinero haciendo bolos por pueblos, por festivales y salas de fiesta. Nos animamos a grabar una maqueta de nuestras versiones e incluso me atreví a componer una canción de nuestras correrías. Después vinieron algunas más y los primeros éxitos.

Es entonces cuando le cogí el gusto a romper muñecos. Me convertí en un déspota cruel. Sentía un extraño placer haciendo daño a los demás. Como aquella noche después de una actuación en que estampé un vaso de tubo en la cara del batería, porque se adelantaba a mi entrada. Así rompí nuestro incipiente grupo, la relación con el manager, discográficas y lo que al final más me dolió: rompí a aquella chica que lo dejó todo para estar conmigo y con la que compartí, sin duda, los dos mejores años de mi vida.

En una de aquellas tardes de furia, la dejé deslavazada a mis pies, diciendo todo lo que nadie le debería decir a otro nadie. Era un ser despreciable que había llegado al paroxismo. Todo el mundo me había abandonado, fue la última en hacerlo, pero  al final convivir con un monstruo no es fácil y no le quedó otro remedio, llevando en su entraña el fruto de aquellos destellos de amor.

Así comencé mi andadura en solitario, viajé, toqué en todo tipo de sitios y aprendí que romper cosas y gente no trae nada bueno. Cuando nació mi hija  estaba muy lejos de ella aún estando en la misma ciudad. No quise sabe nada, ni me hubiera dejado su madre. Pero cuando mi vida se empezó a cubrir de polvo y canas, me acordé que una parte de mi, estaba por este mundo. La busqué y el que busca halla, y así supe de su vida, de sus amores, de su trabajo y de su hijo.

Todas las tardes me sentaba delante de aquella terraza por donde sabía que pasarían e incluso algunos días ella tomaba allí un café o una cerveza. Tocaba de manera intencionadamente distraída, ellos no sabían quién era yo. El pequeño tenía buen oído y se acercaba a escuchar las melodías que salían de las cuerdas de mi guitarra. Estaba decidido a volver a cuidar de mis muñecos.

©Jesús J. Jambrina  

 

viernes, 17 de marzo de 2017

Cómo fue la presentación en Teruel

 

 
El pasado 16 de febrero presentamos el libro: "Teruel y sus Amantes. Nuevos relatos para un aniversario".
En plenas vísperas de las Bodas de Isabel de Segura de 2017.
El lugar elegido fue el salón de plenos del Ayuntamiento de Teruel.
Estuvimos acompañados de amigos, familia y amantes de la Leyenda de los Amantes y de la literatura.
Fue un día extraordinario, para recordar y guardar muy cerca del corazón.
 
 
Os dejo este enlace donde aparece alguna foto, el articulo de ese día del Diario de Teruel y el artículo que me publicaron a propósito de esta antología en la Revista de las Bodas:
 
 
El día 20 de abril se presentará en Zaragoza en la Casa de Teruel, a las 20:00, la dirección la calle Navas de Tolosa nº 57. Por supuesto estáis todos invitados.
 

jueves, 16 de marzo de 2017

El tambor de cartón.



De pequeño me gustaba jugar con figuritas. Las guardaba en un tambor de cartón, rescatado del jabón de lavadora que compraba mi madre. Allí se mezclaban indios y vaqueros, soldados alemanes, romanos, guerreros medievales, dinosaurios, de plástico, articulados, pintados o de un sólo color y de diversos tamaños y escalas. Cuando lo volcaba, de sus entrañas salía vomitado un ejército multiforme al que durante horas tenía maniobrando a mi antojo. Haciéndoles arrostrar los peligros mayores y batiéndose el cobre en diferentes batallas y enfrentamientos con enemigos imaginados o reales. Exhausto después de tanta muerte y resurrección, volvían a ocupar la panza del cilindro hueco. Me duraron mucho más que mi infancia. Nunca me gustó romper muñecos.
 
©Jesús J. Jambrina  

martes, 14 de marzo de 2017

Ultimas lecturas del invierno del 2.017

La primavera está a la vuelta de la esquina y el invierno nos dejará para que florezca la vida.
Pero el  invierno es un buen momento para leer, para aprovechar las tardes frías. La verdad es que metido en la vorágine del día a día, lo múltiples frentes abiertos y el intentar jugar siempre un papel aceptable en todo lo que emprendo, el tiempo, no ya para leer, si no para todo; es un bien muy escaso. Para mí más valioso que el oro. Pero aún así, saco un ratito para leer, para dibujar y para escribir.
Os traigo por aquí mis últimas lecturas.
 
 
"Se me olvidó decirte: te quiero", de Mónica Carrillo. Un libro plagado de clichés, de frases hechas, de guiños de Mr. Wonderfull. Capítulos enteros para olvidar, dos de ellos con letras de canciones hilvanadas, no me ha gustado nada. Una lectura fatua e insulsa. Una sensibilidad que suena impostada. Busca la lágrima fácil, sensiblera, ñoña y a la vez carente de sustancia. No lo recomiendo.
 

 
"Rayos", de Miqui Otero. Una novela fresca. Un grupo de amigos comparten piso en el centro de la Barcelona más decadente. Juventud, amor, literatura, precariedad, ilusiones. Algunos pasajes son realmente divertidos. El protagonista nos hace entrar en ese circulo de amigos, nos hace participes de la relación con sus padres, sus chicas, su entorno. Una lectura muy agradable.
 
 
 
"Corazón tan blanco", de Javier Marías. Es una sus novelas con mayor proyección. Como todas las suyas, es densa, pero que no tiene desperdicio desde la primera frase hasta la última. Escrita con oficio, una trama interesante. Una novela imprescindible.

lunes, 13 de marzo de 2017

Regreso al pueblo.



Regreso al pueblo.

           Las espigas bien granadas se mecían con la leve brisa de una tarde de julio. Los campos, dorados hasta donde alcanza la vista. No en vano la llaman la tierra del pan y el vino.
De nuevo había brazos para trabajar el campo y éste, después de años en barbecho, era agradecido.
Hacía tiempo que no volvía por allí. De hecho, maldita la gracia volver, la última, vez pensaba que no habría otra.
Apenas a tres kilómetros de la capital, había decidido acercarme andando.
El pueblo estaba como siempre, las casas arracimadas entorno a la carretera, sencillas, pequeñas, con las ventanas diminutas y la llanura que las hacía parecer aún más insignificantes.
Recostado en la puerta de una de las primeras, pude distinguir a un viejo conocido. Recorrí los pocos pasos que nos separaban.
—Hola Marcial
—Vaya Julián ¡Cuánto tiempo!
—Ya ves, de vuelta a casa, bueno, si no tenéis inconveniente.—Aquello no le cayó bien, pude ver la reacción de su rostro.
—¡Pero hombre, cómo dices eso! Tu casa es, tus tierras, tus hermanos, tu pueblo.
—No parecía que os alegrarais tanto la  última vez que estuve aquí, con el ejército rojo vencido y desarmado apenas unos días antes—Vi como el rubor subía a sus mejillas.
—Eso fue cosa de los señoritos de la capital, de gente de fuera. Tu nombre estaba entre unos papeles del ayuntamiento.
—¿Y qué hacían allí esos papeles, que necesidad había de que aparecieran? Además apuntados, apuntados estábamos muchos, tú también. Era, y lo sabes bien, la relación del sindicato agrario. Alguien les diría donde tenían que buscar y a quién buscarle las cosquillas.
—Eran días complejos. Esas cuadrillas de camisas azules hacían y deshacían a su antojo, eran los amos de la situación.
—La inscripción nos daba derecho a un saco de trigo. Ya ves tú que delito, un saco de trigo. Las semillas de la cosecha del año.
—Sí Julián, pero los falangistas andaban detrás de esas listas, de los afiliados al sindicato.
—Pero la guerra había terminado—Dije indignado.
—Sí, pero para algunos apenas había empezado. Hicimos lo que pudimos. El mal rato lo pasaste, pero estás aquí. Alguno colaboró con ellos, pero otros, como el alcalde, o como yo,  intercedimos y conseguimos que nadie se fuera en esos camiones. ¿Cuántos no se fueron con ellos y en otros pueblos acabaron en las tapias de los cementerios o en las cunetas de los caminos apartados? Pero eso no pasó aquí ese día.
—¡Pero yo hice la guerra entera! Hice su guerra. Me llamaron a su ejército y me la comí enterita. Me bombardearon, me dispararon, pasé hambre, sed, frío y sobre todo, sobre todo miedo, mucho miedo. Pensaba muchas veces que no íbamos a quedar ninguno. Mientras ellos estaban en la retaguardia, buscando sus listas, sus inquinas, sus intereses.
—Sí eso también. Alguno ha hecho fortuna con este tipo de cosas. ¿Para quién te crees que iban los bienes, de los que no tenían la suerte de bajarse del camión como hiciste tú?
—Sí claro, la culpa los de fuera. O como decíamos en las trincheras, la culpa es del muerto. Lo curioso es que mis tierras no lindan con nadie de fuera, si no con gente de aquí. Curiosamente, Marcial, la mayoría con las tuyas.—Y al decir esto no pude evitar que la bilis me subiera a la boca—Pero yo hice la guerra con su bando, me han ascendido, me han condecorado, he luchado y he dado lo mejor, no porque pensara como ellos, sino porque había que seguir vivo, y para eso había que hacer las cosas bien. Y así un año, y otro y otro, hasta que ganaron esta maldita guerra. Y volví a mi casa con la tranquilidad de haber cumplido. Pero me estaban esperando, me estaban esperando para matarme, por haber hecho también lo correcto cuando trabajaba de sol a sol.
      Ya no me miraba, había ido achicándose con cada una de mis palabras. No apartaba la vista del revolver plateado que llevaba al cinto y estoy convencido que pensaba que estaba viviendo sus últimas horas.
       Apenas se atrevió a balbucear—Conseguimos que no saliera el camión y que os soltaran a todos.
—No temas, no he venido mas que a dos cosas. A despedirme de mis hermanos. Me he quedado en el ejército y me voy a Ceuta por una buena temporada. Y a decirte que no te lo tengo en cuenta. Al fin y al cabo fue cuestión de suerte, verdad. Suerte de coincidir bajo aquella lona con el hermano del alcalde. O te crees que no fui capaz de reconocerle. Así que poco mérito tienes tú en eso, pero lo dicho, sin rencores, con Dios Marcial.
 ©Jesús J. Jambrina