martes, 27 de septiembre de 2016

Mis lecturas de agosto y septiembre de 2016.

Cuando mis vacaciones estivales estaban a punto de empezar, hice mis cábalas y mis previsiones, y una de las cosas que iba a hacer, era leer. Leer mucho, más que los meses anteriores, que habían sido unos meses muy prolíficos en lecturas. Pero ahora ya pasadas éstas, y con el mes de septiembre casi agonizante, puedo decir con toda rotundidad: De lo dicho nada.
El verano ha sido más movido y menos apoltronado de lo que me imaginaba, o de lo que quizás hubiera deseado. Ha sido muy activo, con mucha actividad y haciendo muchas cosas en escenarios diversos Sin duda, unas muy buenas vacaciones. Un muy buen verano, de verdad.
Pero para la lectura, no ha habido mucha ocasión, tenia que ir arañando los momentos para poder coger un libro. Así que apenas he podido completar la lectura de tres libros.

Mis lecturas de estos dos meses han sido éstas:
 

"Donde los escorpiones", de Lorenzo Silva. La última aventura, el último caso de nuestros guardia civiles favoritos.  Bevilacqua y Chamorro se ven obligados a personarse en pleno Afganistán,  para investigar el asesinato de un suboficial español. Deben amoldarse a la vida militar y en zona de operaciones, a parte de contar con la enrevesada situación de competencias entre los diferentes contingentes y estamentos. En la línea de toda la serie, me ha encantado.              


"La España vacía", de Sergio del Molino. No es una novela, es un ensayo.  Sergio tiene siempre la habilidad de ir construyendo lo que quiere contarnos, contándonos otras muchas cosas. Haciendo múltiples referencias a libros, películas, música, a la historia, a sus vivencias. Simplificándolo mucho podríamos decir que es un agitador cultural, despierta curiosidades, anima a leer otras cosas, a aprender, a profundizar. Es un magnífico libro. Una reflexión muy actual. La pasada semana sin ir más lejos, el regional abría su informativo con la noticia de que Teruel era la provincia europea con menos densidad de población, por de bajo de Laponia. Europa entera se echaba las manos a la cabeza. Teruel había perdido 4 habitantes por día. La España vacía se sigue vaciando. En definitiva un libro estupendo, interesante e ilustrativo.

 
 
"Cuatro amigos", de David Trueba. Una novela que podría parecer una típica "road movie", con tintes  gamberros. Muy reflexivo, con un tinte amargo a pesar de perfilarse como "Veinte Mil leguas de viaje subnormal", entre otros apelativos que le ponen. Un viaje de vacaciones de cuatro amigos, cada uno con sus particularidades,  su sentido de la amistad, en la línea del paso de la juventud a la madurez, cada uno con sus miserias y sus mochilas. Dividido en tres capítulos, en los que pasan esos últimos 15 días de agosto recorriendo las diferentes carreteras de España, para acabar en la boda de Bárbara, la ex del que nos cuenta las peripecias.
El libro está lleno de frases lapidarias, situaciones tremendas y es una desenfadada y a la vez caústica visión sobre esa edad, en la que da la sensación de estar en tierra de nadie. 


sábado, 17 de septiembre de 2016

...Trata de arrancarlo por Dios!!!


 
"Trata de arrancarlo, por Dios", fue el grito desesperado de Luis Moya a su compañero Carlos Sainz. Eran las 14:15 de la tarde del 24 de noviembre de 1998 y sólo faltaban 500 metros para que Sainz y Moya lograran su tercer título del mundial de rallies en el Rally de Inglaterra. Pero por desgracia una avería les impidió cruzar la meta y perdieron el título. Luis Moya hizo célebre esa expresión: "Trata de arrancarlo Carlos. Trata de arrancarlo, por Dios!!", para acabar estampando el casco contra la luneta trasera del coche, fruto de la rabia, la impotencia, la frustración y la desesperación. Desde ese día a Luis se le ha colgado un poco en sambenito de ser un poco gafe.
 
 
Para las generaciones que vimos la escena en las noticias y posteriores, ha quedado para la posteridad ese: "Trata de arrancarlo...".
Cuantas veces me viene a la cabeza.
Sin ir más lejos durante toda esta reentré, donde me temo que arrastro una gigantesca depresión postvacacional.
Quince días son ya los que llevo incorporado de nuevo a mi puesto de trabajo y a la cartesiana y caustica realidad, y que no, que no me hallo. Que no me hago con ella, que no consigo adoptar rutinas, ni saber cuales deben ser. No se si quiero o debo dibujar y pintar, escribir, hacer deporte, perfeccionar mi inglés, leer tal o cual libro o aprender punto de cruz o hacer un curso de recolección de cocos en Siberia.
Mi subconsciente y mi conciencia me gritan al unísono: "TRATA DE ARRANCARLO!! TRATA DE ARRANCARLO, POR DIOS!!" .
Pero nada, no engancha, el alternador no carga, el motor de arranque no engrana, no hay manera. No se si necesito que me empujen, que pase un tiempo para que enganche o que se yo.
Así que aquí seguiré, seré disciplinado e iré cumpliendo mis responsabilidades, obligaciones y proyectos más inmediatos sin pensar mucho, tratando de arrancar este nuevo curso, y cuando tenga ya el motor en su punto y bien revolucionado, meter el puño para salir disparado a nuevos o viejos objetivos, pero teniendo claro cuales son.
En el horizonte más inmediato tengo la Antología de Relatos por el 800 aniversario de los Amantes de Teruel, los escritores entregados a la producción de sus relatos, y ya con editorial a falta de acotar detalles. Por otro lado una exposición de mis dibujos y acuarelas en Bruno Monkey Barber , después las postales desde el Limbo de esta nueva edición, y escribir yo mi relato para la antología. Y eso sin pensar en nada más allá. Retomar guitarra, deporte, etc. Y todo esto encajarlo en una rutina...¡Trata de arrancarlo, por Dios, trata de arrancarlo!!!!
 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Campo Santo.




 

Por jardines de piedra,
empapados de lluvia,
florecen los sueños que no fueron.
Sepultados los recuerdos,
con la mortaja del silencio.
Extraño paisaje de muertos.
 
 
©Jesús J. Jambrina  

lunes, 12 de septiembre de 2016

El sensor.


 
El cuerpo humano es una maquinaria bien engrasada. Sus engranajes y mecanismos encajan a la perfección. Ni el más sofisticado reloj suizo, puede tan siquiera imaginar un funcionamiento tan fiable y eficaz.
A todo esto, mi cuerpo, el mío, además de compartir esta funcionalidad, está dotado de un sutil y sofisticado sensor. Un sensor que detecta la más mínima variación. Que actúa y se manifiesta sin que yo sea consciente. Responde a estados febriles, cansancio extremo, cuadros de estrés, disgustos, falta de sueño, de manera individual o la combinación de alguno de ellos.,... y lo hace con un indicador que actúa como un piloto rojo de aviso. De esos que titilan de manera intermitente para evitar que las aeronaves colisionen con torres de luz, antenas u otros elementos altos. Y ese "piloto rojo", se manifiesta con, las más de las veces, un incómodo y poco discreto, herpes labial, lo que se viene a llamar popular y comúnmente: "una morrera".
Cuando mis defensas bajan por los motivos que sean, quizás porque el sistema inmunológico de mi cuerpo se distrae con una poesía o una meta inalcanzable, ahí está mi piloto rojo, mi sensor de que algo me pasa, de que algo me supera, de que mi cuerpo se siente exhausto o que al menos no puede prestar toda su atención a las tareas de defensa y protección.
El día 1 de este mes me incorporé a mis responsabilidades de nuevo. Y la semana pasada, mi sensor, mi pertinaz, constante e infalible sensor, me recordó que estábamos mejor en el río Vero o en las playas de Cádiz. Una nueva "morrera" colonizó mi labio superior.
Un mensaje sutil, que entendí perfectamente. Mi cuerpo se revelaba, y manifestaba ese cambio de actividad y de ritmo, con una pataleta. Una queja sorda, pero evidente, de que no era la situación deseada por éste, mi cuerpo.
No es cuestión de razonar o de pedir opinión. No deja de ser un elemento vehicular que nos permite movernos y realizar actividades y cosas que de otras manera serian o imposibles o tremendamente complejas. Le necesitamos, pero no podemos darle todo lo que nos pida. No puede hacer su voluntad y no puede dictar las normas. Pero sí, tiene razón...de vacaciones estábamos mejor.