viernes, 31 de julio de 2015

El arte de perder.

Un poema de Elizabeth Bishop sobre el arte… de perder



Un arte

El arte de perder se domina fácilmente;
tantas cosas parecen decididas a extraviarse
que su pérdida no es ningún desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la angustia
de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.
El arte de perder se domina fácilmente.

Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido:
lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.
Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.

Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue
la última o la penúltima de mis tres casas amadas.
El arte de perder se domina fácilmente.

Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más:
algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.

Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto
que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente,
así parezca (¡escríbelo!) un desastre.

 

martes, 28 de julio de 2015

miércoles, 22 de julio de 2015

"Anoche soñé que volvía...

a Manderley...".

De esta manera comienza la película de Alfred Hitchcock, Rebeca.

Como la protagonista de la película a veces soñamos con volver a escenarios que han marcado nuestra vida de una manera u otra. Lugares que nos evocan tiempos pasados, donde fuimos felices o desgraciados, pero que de ninguna manera nos resultan indiferentes. La indiferencia, ese gran bálsamo y a la vez esa ruin estado de ánimo, que adormece hasta los recuerdos más recalcitrantes. 
 


 Este pasado fin de semana volví a un Manderley particular, una playa que desde el primer día que la pisé me emocionó y más tarde me estremeció, pero no me ha resultado nunca indiferente. Hacía unos cuantos años que no pisaba descalzo su arena, más de cuatro. Fue un verdadero placer volver. Volví a disfrutar de sus olas, de sus pintxos, de su ambiente, de su luz y de sus paisajes.
 
 
Allí me acabé el libro de "Los cuerpos extraños" de Lorenzo Silva, dibujé, salté olas, como hace años hice con mis hijos, me bañé a la luz de la luna y paseé por su orilla en plena noche y en pleno día. Volví a disfrutarla, ahora escribiendo estas líneas, vuelvo a echar de menos esa brisa, esa arena, esos colores.
Definitivamente hay lugares que acaban formando parte de nosotros, de nuestra historia, de nuestro acerbo cultural. Esta playa es uno de los míos.
 
 
Aquí la cita completa de la película de Hitchcock:

"Anoche soñé que volvía a Manderley. Estaba ante la verja de hierro. Pero no podía entrar. Entonces, me imbuyó un poder sobrenatural, y atravesé la verja. El sendero serpenteaba y se retorcía y vi que había cambiado, la naturaleza recuperaba otra vez su lugar invadiéndolo con sus tenaces dedos. El sendero se retorcía más y más. Y al final estaba Manderley. Manderley, sigilosa. Sus muros seguían perfectos. La luz de la luna, engañosa me hizo ver luz en las ventanas. Pero una nube tapó la luna como una mano sombría. La ilusión se fue con ella. Era un caparazón abandonado sin susurros del pasado. No podemos volver a Manderley. Pero yo vuelvo en sueños... a los extraños días, que empezaron en el sur de Francia."

martes, 14 de julio de 2015

V concurso de relatos "El Folio en Blanco" de 2015.


Recientemente he presentado un relato a este concurso de "El folio en Blanco".
Ya ha salido el ganador y los finalistas y no me encuentro entre ellos, así que lo traigo por aquí:

Mi amigo José.

Hacía más de un mes que se había apuntado al gimnasio. Estaba muy motivado, pechugas de pollo, tomates, ensalada, verdura en su justa medida. No llegaba a pesar los alimentos, pero habían desaparecido las cañas, las patatas bravas, las hamburguesas, los bocatas de calamares y las noches hasta altas horas de la madrugada. Alguno le preguntaba si esa no era una vida más triste. Pero en la vida de José hablar de tristeza era puro eufemismo. La tristeza apareció mucho antes. Cuando ella se marcho, con aquello de: No es por ti, es por mí. La puntilla se la llevó un día de juerga con los amigos, bienintencionados que le ofrecían todo tipo de consejos, le abrazaban y le decía olvídala, como si fuese tan fácil. En una noche de esas que no se terminaban nunca, tuvo la mala suerte de verla, además no de cualquier modo, si no abrazada a un maromo que parecía el eslabón perdido, con unos brazos del tamaño de una de sus piernas y el pelo casi rapado. Para más escarnio, el tipo mal encarado, le sacaba una cabeza.

No es por mí, es por ti, era lo que realmente le quería decir aquel día. Lo había comprendido de repente, al igual que San Pablo al caerse del caballo, ahora todo lo veía completamente claro. Esa noche su descenso a los infiernos fue de repente. Si hasta ese día se había ido aferrando a las rebabas de la esperanza, del recuerdo, sus asideros desaparecieron completamente, y su caída le llevó a los más profundo de la desesperación y la frustración. A un agujero negro del que pensaba que no saldría nunca. No es por ti, es por mí.

Pero toda caída en algún momento se detiene. Y José supo que se había detenido cuando entendió que la vida brinda muchas oportunidades y que están ahí al alcance de la mano, que uno mismo es capaz de darle la vuelta a su historia. A pesar de estar en lo más profundo del pozo, en el fondo se atisbaba un hilo de luz, una esperanza a la que amarrarse y que le sacaría de allí. Desde ese día su vida fue un total cambio. Aún se le veía tristón, pero su voluntad se hizo férrea, hacía deporte, se cuidaba, leía sobre cosas que hasta ese día no acababa de entender bien, renovó, dentro de sus posibilidades económicas su armario y decidió que sería más sociable.

Su recuperación fue paso a paso, lenta pero firme, pasó ese primer mes y a este siguieron otros. Algo tenía presente en su mente, lo que le daba esa voluntad de carácter, quería hacerse mejor, convertirse en su mejor versión, para ella...Ella... De ella no había vuelto a saber nada. Se había alejado como el ex toxicómano se aleja de su droga, había puesto tierra de por medio, no preguntaba por ella, no sabía si era feliz, si seguía trabajando en lo mismo o si en alguna ocasión se acordaba de él.

Retomó las salidas con los amigos, ya no evitaba frecuentar según que sitios, el frío que le parecía helador y recorría su espalda tiempo atrás, se había vuelto un frío anodino, más anestésico que otra cosa, una total indiferencia. Así pasaron de nuevo  los días. El nuevo José disfrutaba de la vida, de sus amigos, de conocer a otras chicas, de viajar, de sus aficiones.

Pero la ciudad donde vivían no era demasiado grande, y por la ley de probabilidades en un momento u otro se tenían que encontrar, y ese día llegó. Estaba sentada en una terraza. El pasó caminando, sus miradas se cruzaron y ella abrió levemente sus labios, con un gesto como para levantarse, parece que se lo pensó mejor y esperó a que fuera él que se aproximara, como tantas otras veces. Pero en esa ocasión, José se giró al amigo que paseaba a su lado y le dijo:  ̶  A veces hay cosas que hay que dar por perdidas, aunque sepas donde encontrarlas. No es por ti, es por mí.
 
©Jesús J. Jambrina

Por cierto, el dibujo también es mío.
 

viernes, 3 de julio de 2015

Zancadas 2015 (VI)




El 19 de junio y de eso hace hoy tres viernes, vivíamos este momento. Muy especial por todo lo que le rodeaba. Siempre quedará en nuestro recuerdo ese Palacio Real, esos momentos y ese reconocimiento a mis padres. La vida sigue y de eso hace ya, como bien decía, tres viernes.
El pasado domingo, Eternal Running, carrera agotadora y divertida, una auténtica pista de aplicación, el lunes agujetas en los tríceps, pero desde luego y a pesar de las esperas en cada uno de los obstáculos, sobre todo en los reptar, con buen sabor de boca, aunque la organización se debe poner las pilas o morirá de éxito, la situación rayaba lo razonable, hay muchas cosas a mejorar, espero que lo hagan.
Ya apuntado a la de los bomberos, si la eternal la hacía con el equipo Linkas, ésta de nuevo con CTC.
El verano ya está aquí con todo su despliegue, días ideales para pasar debajo de la sobrilla o con una caña bien fría en la mano.
Ayer "vendí" mi primer cuadro. Por decirlo de alguna manera, pues era para un buen amigo y el pago será en especies, pero satisfacción por el hecho de que mi pintura cuelgue de una pared y pueda ser vista por más personas.
 


 
 
A veces las cosas más pequeñas, son las que te hace estar más orgulloso. Una auténtica satisfacción, de verdad.
Y muchas cosas en la cabeza, el verano ha venido así, como de improviso y siempre la sensación de que las cosas pasan muy deprisa.
Presenté también un relato para el concurso de la Fnac de la Hoja en Blanco, a ver como va. Este verano, bañitos, dibujos y escritura, y como no, zancadas, como no puede, ni debe, ser de otra manera.