martes, 23 de septiembre de 2014

Ya es oficial...

 
Pues sí, ya es oficial. Hoy entra el otoño. Le decimos adiós con la manita a un verano descafeinado, con pocos grados, medio "esbafado" en cuanto a lo que se refiere al calor.
Por un lado ha sido de agradecer que apenas hemos tenido que sufrir temperaturas de 40 grados y noches horribles de calor, pero también es cierto que el buen tiempo ha sido muy intermitente y que casi ha sido septiembre el mes que nos ha dado los días más calurosos.
Vuelta al cole, como todos los años, a la rutina, a guardar bañadores y toallas y el primer asalto de los buenos propósitos, el segundo asalto será a primeros de año nuevo.
El pasado otoño fue un punto de inflexión, otro más, en mi devenir y éste espero no me de muchas sorpresas.
Comenzamos curso escolar, aquellos recuerdos con olor a libros recién forrados, a pegamento Imedio, a témperas y pinturas Alpino, donde nunca sabíamos que hacer con la pintura blanca y la de color "carne", era un bien escaso.
Siempre digo por aquí que los comienzo son ilusión, energías renovadas, hasta esperanza, por aquel optimismo innato del ser humano de que lo mejor está por llegar.
Lo mejor de todo eso, que yo me lo creo a pies juntillas.
Llámenme optimista, inconsciente, ingenuo, desinformado, infeliz o como queráis tildarme, pero de verdad que creo que siempre nos espera algo bueno a la vuelta de la esquina. Y como la comparación con el pasado no tiene ningún sentido, ya que el pasado ya no existe, ya no es, siempre lo nuevo es mejor. Aunque sólo sea porque es, porque está ahí, porque es real y es presente.
 
 
Hace veinte años se emitía el primer capítulo de la serie Friends, serie que ha marcado la existencia de miles de treintañeros y también a alguno de treintaytodos. A mi me pilló a por uvas, tampoco existía la facilidad de visionar series que hay ahora, gracias a internet, pero no despertó demasiado interés en mí.
Vi algún capítulo, pero me parecía algo irreal, alejado de mi cotidianeidad. Me eran simpáticos, había uno de los actores que me recordaba mucho a un amigo mío (Ross), pero no pasaba de ahí el interés. Graso error, de haberla seguido con fruición habría aprendido algunas cosas que he tenido que ir aprendiendo sobre la marcha. No he distinguido entre temporadas, aunque he leído sobre la serie y me han contado las anécdotas que conocemos todos, por ejemplo del pulso para subirse todos los actores juntos el sueldo, llegando en la última temporada, a cobrar un millón de dólares por capitulo, cada uno de ellos.
La verdad es que veinte años después me he hecho el firme propósito de ver, si no todos, al menos sí gran parte de los 234 capítulos. Y entender ese universo "Friends" del que todo el mundo habla.
También hay críticos que dicen que la serie ha envejecido muy mal, bueno es cuestión de comprobarlo.
No hace mucho, vi un capítulo en que jugaban a futbol americano, en un patio interior todos los amigos y me embargó un halo de nostalgia y un no se qué, me pareció algo entrañable. Y si yo, que apenas la seguí, entiendo que forma parte de mi bagaje cultural y sensaciones, puedo entender, y más con el devenir del tiempo y mi "open my mind"; que haya mucha gente para la que la serie ha sido su referente de comportamiento y el paradigma desde el que entender lo que les va pasando.
Nunca la ficción superará la realidad, ni la sustituirá, pero hay universos inventado que parece que se adapten como un guante a algunas realidades y viceversa.
Algo desde luego sí es cierto, veinte años después se sigue hablando de "Friends", por algo será.

lunes, 8 de septiembre de 2014

La química secreta de los "reencuentros".



 
Nunca me ha gustado colgar el cartel de cerrado por vacaciones. Pero está claro que el periodo de estío, nos aparta de algunas rutinas y aún sin cartel, era evidente que no había nadie detrás de este blog en el mes de agosto.
Mes de agosto divertido, dinámico y con mucha actividad. Benditas vacaciones, estado natural del hombre y momento ideal para compartir con las personas que tienen relevancia en tu vida.
De nuevo la vuelta al cole, el otoño a las puertas,  y éste, como dice Sabina (y últimamente lo cito mucho), durará lo que tarde en llegar el invierno, que será nada. Y despediremos el año y de nuevo la espiral del tiempo nos engullirá por mucho que nos intentemos aferrar a lo anterior.
Hace unos meses, ya muchos, leí el libro de Levy, "La química secreta de los encuentros". Me gustó, me pareció sencillo y  cálido, de esos que te arrancan una sonrisa de complacencia y esperanza.
Parafraseo ese título, porque yo he vivido en estos últimos días, la química de los "reencuentros".
Me he encontrado con tres personas que por uno u otro motivo y por diferentes circunstancias y motivaciones, no veía desde hacía un tiempo. Bastante tiempo, a alguna mucho tiempo y otras el tiempo más que suficiente para echarlas en falta.
Esos encuentros, han creado una sinergia que ha propiciado otros encuentros con personas que no veía en veinte años, con emociones y actitudes nuevas, quizás por ser fruto del rescate de las pasadas.
Y sin duda, en todos estos encuentros ha actuado una química, secreta seguro, que deja el espíritu tranquilo, lleno y sosegado, preparado para seguir bombeando y sintiendo y disfrutando de los que sigamos reencontrando o directamente encontrando.
Han caldeado el alma y afianzado la idea de que en esta vida lo que nos llenan son las experiencias y los buenos momentos que pasemos con las personas que nos aportan algo en la vida. El cariño, el respeto, la ternura, la complicidad, la solidaridad, son todos elementos y reactivos de esa química. La química de la vida, hecha de recuerdos y hechos, de realidad y esperanzas, de abrazos y lágrimas, de reencuentros y sorpresas, de ilusiones y pasiones.