viernes, 14 de julio de 2017

El sitio de mi recreo y Azorín.


 
Este pasado fin de semana estuve en uno de esos lugares que me recargan las pilas. Uno de los "sitios de mi recreo". De los sitios que ya forman parte de mi y yo de ellos. Que han escrito hojas en la historia de mi vida y me han acompañado en diferentes momentos. Un lugar para descansar, relajarme, reencontrarme y si así lo deseo, para perderme, para agotarme y para no parar.
 
 
El tiempo no acompañó, pero eso no fue ningún problema, aproveché para leer algo que tenia pendiente desde hace un tiempo, "Confesiones de un pequeño filósofo", de Azorín. Lectura de todo un clásico, describe los recuerdos de su niñez de una manera sencilla. Me gustó.

miércoles, 12 de julio de 2017

Pedaladas 2017.



- Hace un par de domingos volví a coger la bicicleta. Aunque es una constante en mis buenos propósitos del año nuevo el montar más sobre dos ruedas, llevaba la friolera de tres años sin cogerla. Así que como nunca es tarde para retomar las buenas costumbres este verano, volveré a disfrutar de los caminos y las veredas con mi bici y hablando de retomar cosas, retomo estas entradas que eran pensamientos fugaces, reflexiones al vuelo y que titulaba como "pedaladas".

- Hoy escuchaba a alguien decir: Nuestra amistad era un vínculo inmune a las ausencias. Hace poco cumplió años un amigo mío. Hace unos cuantos años, ya un porrón, lo celebrábamos en medio del monte, con una mezcla de whiskey y zumo de piña al que llamábamos "gominola". Es precisamente de esos amigos, donde las ausencias no nos separan un ápice. Recuerdo aquellas celebraciones bajo una tienda de campaña en medio de los Montes Universales y siento aquel frescor que se colaba por las faldas de aquella tienda. qué tiempos aquellos, qué jóvenes, qué ilusos, qué recuerdos.
 
- Este martes estuve en una reunión, que resultó ser algo subrealista, a alguno le tocó hacer el papelón de defender al ausente-presente en la misma. Si bien el discurso al dictado de susodicho individuo, no era especialmente  original, lo llevaba aprendido de carrerilla, con muchos golpes de pecho y exclamaciones hiperbólicas. Lo que más me llamaba la atención, era un tipo sentado a mi lado, que de soslayo me miraba. Me recordaba a esas enormes serpientes que miden a sus víctimas para comprobar si podrán engullirlas enteras. Me sentía observado, ponderado, sintiendo como evaluaban si era una presa fácil, correosa o si se podían atragantar conmigo. Una extraña sensación, sin ninguna duda.
 
- De repente, en mitad del verano, con las vacaciones aún lejanas, desconcertado entre las olas de calor y las bajadas extremas de temperaturas, tormentas, caos. No hay quien se aclare, ya ni el verano es verano.
 
- En estos días nos ha tocado despedirnos de familiares muy cercanos y queridos. Siempre es triste despedirse de quienes han estado presente en toda tu vida, de una manera u otra. La muerte se materializa, se muestra terrible, a veces olvidada, nos recuerda que está ahí, al acecho, esperando.  Me quedo con que sepa esperar su momento, que no se adelante, que no haga trampas, que respete el ciclo normal, que sea un acicate para vivir más intensamente los días que disfrutamos y que al final no sea tan terrible, sino un colofón, una liberación, un cierre perfecto, y tarde, lo más posible.
 
 
 

jueves, 6 de julio de 2017

Apocalipsis Z.

 
Durante diez días he estado inmerso en un mundo apocalíptico, rodeado de zombis. Luchando por la supervivencia, escapando de las zonas urbanas abarrotadas de no muertos. Nada que no hayamos visto en Walking Dead o Guerra Mundial Z, con la novedad, de que en este caso en lugar de huir de Atlanta o de Filadelfia, es de Pontevedra.
 
 
He disfrutado de la trilogía de Manel Loureiro, Apocalipsis Z. Estos tres libros nos cuentan la historia de un joven abogado gallego, con treinta y pocos años, que se ve inmerso en el caos que se produce tras la fuga de un virus de un laboratorio experimental y sus terribles consecuencias.
 
El primer libro, titulado: "El principio del fin", está escrito a modo de diario, los otros dos ya no siguen este formato y se ve una narración más trabajada. "Los días oscuros", el segundo de la serie nos lleva a unas islas Canarias divididas entre "froilos" y republicanos y en el tercero: "La ira de los justos", nos arroja a unos Estados Unidos profundos.
 
 
Manel nos cuenta una historia de zombis redonda. Describe perfectamente los primeros compases del problema, nos lleva de aquí para allá, jugando perfectamente con  la intriga y la situación de transición de un libro a otro y cierra perfectamente su narración, cosa muy de agradecer.
He disfrutado con su lectura, me ha enganchado totalmente y al igual que me la recomendaron a mi, hago lo propio desde este blog.
Es una lectura ligera, fresca y si te pasa como a mí, que tengo debilidad por los temas de zombis; para disfrutarla como un jabalí revolcándose en el barro.
 

martes, 27 de junio de 2017

Sólo de lo negado



Sólo de lo negado canta el hombre,
sólo de lo perdido,
sólo de la añoranza,
siempre de lo mismo.

Cuando cerró para siempre el huerto
la cancela de espinos,
entonces inventó la queja de la lira,
la flauta del suspiro.

Y desde entonces sólo canta
en su torre el cautivo,
a su rueca la esclava,
el desterrado en el navío.

De la jaula aletea y sangra
el pájaro desconocido;
salir quiere y no puede:
su jaula es él mismo.

Y por eso el minero canta,
por un sol de oro limpio;
canta el pobre, la pena canta;
no canta el rico.

Entre las piernas de la amiga,
vida busca el amigo,
y se encuentra con un tesoro,
de verdes ojos fríos.

Y así es como canta el hombre,
por su niño antiguo,
y la boca sin pan y sin besos
y el cielo vacío:

siempre de la añoranza, de lo negado,
de lo perdido;
siempre de lo de otro,
nunca de lo mío.

Agustín García Calvo

jueves, 22 de junio de 2017

Fan fiction: La batalla de Cuernavilla



Trilogía del Señor de los Anillos: Las dos torres       
                                                                      
La batalla de Cuernavilla

          El rey Théoden sabía que la resistencia no se podría prolongar mucho más y que de seguir las cosas así, ésta sería su tumba y la de todos los defensores y refugiados tras sus muros. Su decisión no podía ser otra que morir como un rey, encima de su caballo y enfrentándose cara a cara con las fuerzas de la oscuridad. Moriría luchando antes que quedarse encerrado entre cuatro muros, sin esperanza de salvación. Decidió por tanto que a la mañana siguiente haría sonar el cuerno de Helm y sería la señal para que acompañado por su guardia, cargase a caballo contra la masa  que atenazaba la fortificación.

El amanecer del día siguiente se rompió con un rugido y una inmensa llamarada que se llevó por delante, la bóveda de la puerta de Cuernavilla, colapsándose toda la muralla principal. Los orcos dieron grandes gritos y se arremolinaban a los pies de los restos del muro preparados para lanzar el ataque definitivo. Súbitamente sonó el gran cuerno de Helm en lo alto de la torre. Su sonido se extendió por todo el abismo y esté le devolvió el eco como si otros cuernos fuera soplados en respuesta. Las tropas oscuras se estremecieron creyendo que un gran ejército se precipitaba hacia ellos. Un clamor se elevó desde el interior de la maltrecha fortaleza. Los jinetes gritaron con todas sus fuerzas: ¡Helm!¡Helm!¡Helm ha despertado y retorna a la guerra!¡Helm ayuda al rey Théoden! En medio del clamor de aquellas gargantas, apareció el rey montado en su caballo, a la derecha Aragorn y tras ellos los Señores de la Casa de Eorl el Joven. La luz del día iluminó el cielo. Théoden llamó a la carga a sus Eorlingas y se arrancó al galope. Tras él, el resto de jinetes, acero, cuero y rabia. Entraron como un torrente a través de las huestes de Isengard, detrás de ellos los hombres que se habían refugiado en las cavernas, que se sumaron al ataque conscientes de que era su única opción. Aragorn apretaba sus rodillas sobre su montura, mientras descargaba con saña su espada y no dejaba de recordar las palabras de Gandalf: Espera mi llegada con la primera luz del quinto día, al alba mira al este.


 No todo estaba perdido, el mago no faltaría a su palabra, en breve lo verían aparecer, en el horizonte, al frente de los leales a Rohan y del ejército al completo de Gondor. Su presencia haría retroceder a los enemigos y los cuernos volverían a vibrar para celebrar la victoria de hombres y elfos. Había que aguantar un poco más y Gandal vendría.
 
            La carga del rey y sus valientes continuaba, pero el desconcierto inicial de las  huestes de Saruman estaba remitiendo y desde el fondo del valle se estaban reorganizando en cerradas filas para enfrentarse a los bravos jinetes. Los rohirrim y sus aliados seguían golpeando y abriéndose paso, aunque su avance se hacía cada vez más lento, por cada uruk-hai  que caía, otros dos ocupaban su lugar.
 
           Aragorn miraba al este, escudriñaba el horizonte, el sol se elevaba y las primeras luces ya despuntaban. No había señal del mago. Apretó los dientes y de nuevo espoleó a su montura a la vez que daba un certero tajo sobre el cuello de una de aquellas criaturas. Si hoy tenía que ser su último día, no sería en vano.
 
            Los brazos pesaban cada vez más, los ijares de los caballos blanqueaban de sudor, sudor que también resbalaba por la espalda de los guerreros que los dirigían y el enemigo se hacía cada vez más denso. La acometida perdía fuerza, engullida por las nutridas columnas de orkos.
 
           Ya apenas podían avanzar, tal era la densidad de la hueste enemiga. La mortandad entre los jinetes se incrementó, una vez aminorado su paso. Los fieles a Théoden cerraron filas a su alrededor, ya no veían a los desdichados que les habían seguido a pie. Los cientos de uruks se cerraban sobre ellos como una tenaza de hierro. Aragorn miraba al este, el sol coronaba el cielo, no tenía miedo a la muerte. Avanzó hasta ponerse al lado del rey, éste le miró, irguió la cabeza y con sus últimas fuerzas gritó: ¡Avanzad sin temor a la oscuridad! ¡Luchad, luchad jinetes de Rohan, caerán las lanzas, se quebrarán los escudos, pero aún restará la espada! ¡Cabalgad, galopad, cabalgad hasta la desolación y el fin del mundo!... ¡MUERTE!
 
©Jesús J. Jambrina  
 

miércoles, 21 de junio de 2017

Una despedida



Una despedida

Tarde que socavó nuestro adiós.

Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un
                                                                  ángel oscuro.

Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda
                                                      intimidad de los besos.

El tiempo inevitable se desbordaba sobre el abrazo inútil.

Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros
                                     sino para la soledad ya inmediata.

Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia.

Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra
                                                    que ya el lucero alivia.

Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de
                                                                         tu abrazo.

como quien vuelve de un país de espadas yo volví
                                                                  de tus lágrimas.

Tarde que dura vívida como un sueño

entre las otras tardes.

Después yo fui alcanzando y rebasando

noches y singladuras.

José Luis Borges

martes, 20 de junio de 2017

Mis lecturas previas al verano de 2017


 "Orbita", de Miguel Serrano Larraz. Libro de relatos de quién ha sido durante este año, profesor de algunas de las clases de un taller de literatura al que asistía, un día por semana. Me ha parecido un buen profesor y tenía mucha curiosidad por leer cosas de él. Empecé con este libro de relatos cortos. Me ha sorprendido gratamente, hay un cierto batiburrillo de estilos, algunos (estoy pensando en uno en concreto, en el que aparece un cuadro), con finales tan postmodernos, que no es que queden inconclusos, sino que directamente se va por los cerros de Úbeda. Hay un par que son realmente brillantes, entre ellos el que cierra el libro, me dejó sin habla. Lectura recomendable, ligera y variada.
 
 
"Canción dulce", de Leila Slimans. Comienzas el libro y en las primeras líneas recibes un directo al mentón que te deja casi sin sentido, entre mareado y sorprendido continúas su lectura, hasta la última página.
Este libro, fue una recomendación de mis libreros de cabecera (los de la librería París, que tantos años llevan asesorándome), me advirtieron que no leyera nada de la contraportada del libro para no "contaminarme", que me introdujera de golpe en la novela. Y así hice: un chapuzón, un salto sin pensarlo y efectivamente, me cortó la respiración de la impresión. Me dijeron que no podría dejarlo. Todas las recomendaciones dieron en el clavo. Lectura de esas que te enganchan, te sacuden y a al vez describen una realidad muy cercana. Yo, os lo recomiendo igualmente.
 
 
"Autopsia", de Miguel Serrano Larraz. Este libro era una auténtica incógnita. Había leído previamente varias críticas y pasabas de un extremo a otro. De críticas ácidas y muy cañeras (recuerdo una que rezaba: "No todos podemos ser Paco Umbral", y se despachaba a gusto), a otras donde ensalzaban la frescura, el estilo, la proyección de su autor. Así que era necesario sacar mis propias conclusiones, teniendo en cuenta, que Miguel, era unos de mis profesores del taller de literatura. Él mismo no parecía demasiado satisfecho con su libro, lo consideraba un cierto fracaso.
Una vez leído, la verdad es que a mi me ha gustado. He reconocido perfectamente esa Zaragoza de la que se habla y me han parecido interesantes los personajes que aparecen. También la fina línea entre la realidad y la literatura. Me ha entretenido. Incluso podría decir que es un compendio de relatos, de pequeñas historias que se van sucediendo y entrelazando, con saltos en el tiempo. Lo dicho, lectura más que entretenida.